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Parto en la naturaleza

Cuando parir dentro de un hospital está fuera de discusión, se abren un abanico de posibilidades. Este texto viene inspirado por la experiencia de mi tercer embarazo y parto. Porque, por primera vez, no barajaba un parto en casa.


Dar a Luz | bebé de un año bañandose en el río, caravana de fondo, parto en la naturaleza
Lume, junto al río donde nació (un año más tarde)




Deseos de parir al aire libre


Siempre me atrajo la idea de parir al aire libre, de tener un parto en la naturaleza. Pero por un motivo o por otro, ciertamente el clima de Asturias no ayuda, mis primeros dos partos, y todos los que acompañamos, acabaron ocurriendo en el interior de las casas. Eso sí, a menudo había fragmentos del parto al aire libre, en la playa, en el jardín, dando un paseo... Y los partos también ocurrían en muy diversos hogares. No era raro que la naturaleza se sintiera con intensidad en yurtas, porches y cobertizos.


Parto en el agua en el jardín


En mi segundo embarazo me pasé medio parto al aire libre. Descalza sobre la hierba fresca de rocío, sintiendo sobre el rostro y la barriga el tibio calor del sol matutino de finales de junio. El parto cogió fuerza en el porche y usé la barandilla para acuclillarme en las contracciones más intensas. Pero cuando Mateo iba a nacer me metí en casa.



La necesidad de no sentirnos observadas


Más tarde empecé a pensar por qué, y me di cuenta de que afuera me sentía más expuesta. Sabía que mis gritos y gemidos llegaban más lejos en la distancia, y como cualquier mamífera, no quería sentirme observada. Seguramente por ese motivo tampoco otras mujeres lo hicieron.


Y la verdad es que cuando me imagino a las mujeres de las tribus indígenas pariendo en la naturaleza no lo hacen en el jardín ni en una playa abarrotada de gente. Se adentran en la naturaleza buscando intimidad, silencio humano, donde se sientan cómodas para sacar su parte más salvaje... un lugar que acoja sus voces de parto sin freno, sin censura, sin normas de conducta amordazantes, que silencien los gemidos de dolor y placer.


Famoso parto orgásmico en el agua, en el jardín



El clima y la protección del frío


Aunque en Asturias tengamos la tendencia a tener muy en cuenta el clima, siempre imprevisible, a menudo frío y húmedo, en muchos otros lugares las preocupaciones son otras.


Puede que donde tú vives lo importante sea crear un espacio con sombra, donde el aire fresco te acaricie la piel. Puede que sólo haga falta protección para las fuertes lluvias, pero no haga frío. Que busques el río o la playa cerca para refrescarte, en vez de la chimenea para sentir calor.


Parto autogestionado, vaginal después de cesárea y de 43 semanas, en el jardín


Porque para mí a día de hoy es innegable que el frío, si no hay donde resguardarse de él, dificulta el parto, lo hace más intenso. Pero eso no impide que creando un espacio cálido como una cueva, no podamos aventurarnos afuera, y vivir partes de nuestro parto sintiendo la tierra bajo los pies.


Una amiga mía construyó un Temazcal para entrar a sudar durante el parto. Y en un parto que acompañamos el ambiente lo caldeó el vapor que salía de la piscina de partos. Fue en un pequeño cobertizo, con tejado de uralita, con telas ondulantes haciendo de paredes. La bebé nació con el rugir atronador de una tormenta de verano y nuestras voces cantando juntas "Siente que el momento llega..." De Rosa Zaragoza.




Sensaciones alteradas


A menudo olvidamos que durante el parto las cosas se sienten diferente. Es un trance. A veces las cosas pequeñas se magnifican, y otras la rendición redimensiona todo lo que nos parecía grande.


Para mí fue un gozo sentir el rocío sobre la piel en mi tercer parto, no sentí frío en mis pies mojados. Toda mi atención estaba en mi pelvis.



Qué necesitas para estar cómoda


En este momento, viviendo en pocos metros cuadrados con 3 niños, en África y con agua racionada, creo que la comodidad en Europa está sobrevalorada.


Somos hijas de una sociedad con todo al alcance de la mano. Donde el parto "ideal" se presenta cual escaparate, lleno de velas con olor, de música de película de fondo, de piscina de aguas transparentes y gemidos muy civilizados durante la contracción.


La comodidad para mí es sentirnos arropadas por el lugar, y que nuestras necesidades más básicas estén fácilmente cubiertas.


Parto autogestionado, de noche y de pie sobre la hierba de Sarah Schmid

Ella tenía otro parto publicado de pie en su jardín, de día, pero no lo encuentro


Necesitamos calor, necesitamos alimento, necesitamos la compañía o la soledad que en ese momento nos pida el cuerpo. Y a veces, un lugar firme al que agarrarnos o un colchón cómodo en el que tumbarnos después de parir. Poco más.

No te dejes engañar por las formas. Profundiza en lo que, a ti, te trae comodidad.


Escogiendo el lugar para tu parto en la naturaleza


El lugar no tiene que ser perfecto. Sólo tiene que ser un lugar que te arrope, donde te brillen los ojos al imaginarte pariendo allí. Tal vez vivas al lado, te instales allí meses antes o estés allí sólo durante unos días. Simplemente, juega a sentir todas las opciones.


Hay muchas mujeres que queriendo parir en casa no se sienten cómodas ante la idea de parir en su casa, busca opciones más allá de lo supuestamente razonable.


Puede que ese lugar sea el jardín de tu casa, o de la casa de un familiar o amigo. Puede ser un terreno de algún conocido, o que decidiste alquilar. Puede ser un bosque por el que raramente pasa gente, una playa poco concurrida, un lugar perdido al lado de un lago o un río.


Cuando el lugar es público cabe la posibilidad de que alguien pase por allí dando un paseo, o que te llamen la atención cuando te ven hacer preparativos. Si es privado y tienes permiso puedes construir más.



Parir en la playa


Viendo vídeos de partos en la playa me di cuenta de que parir en la playa tiene algunas peculiaridades. Las aguas profundas dan intimidad, pero hacen depender de alguien o algo que mantenga nuestros cuerpos a flote. Parir en la orilla es más cómodo, porque muchas mujeres parimos de rodillas, cuclillas o a cuatro patas, pero para hacerlo dentro del agua la opción ideal es una poza, y una roca donde agarrarse.


Aunque muchos profesionales sanitarios se hayan escandalizado con un vídeo viral de parto en la playa, lo cierto es que a nivel de infecciones los hospitales son sin duda más peligrosos.


Parto en el agua del mar, agarrada a la roca en zona poco profunda


Parto en el agua del mar, en una poza, en España ¡en 1994!



Animales


Cuando los animales tienen la posibilidad de presenciar un parto, a menudo se acercan. Sienten con claridad que algo muy especial está ocurriendo, y con más respeto que muchos humanos, observan.


También ocurre con animales domésticos cuando el parto ocurre en casa. He visto a gatos casi caerse en la piscina de partos de la curiosidad. Y cuando lo haces al aire libre, también ocurre lo mismo.


No creo que eso suponga en absoluto un peligro en la inmensa mayoría de los casos ¡Aunque admito que barajé si la sangre del parto, normalmente concentrada en torno al momento del nacimiento, atraería a tiburones en aguas caribeñas!


En general los animales grandes, aparte de existir en mucho menor número, suelen mantenerse alejados de los humanos. Y son los pequeños los que aparecen.


En el parto de una amiga ardillas vinieron a verla parir. En el postparto inmediato, unas horas después de que naciera mi hija, nos rodearon un montón de mariposas.



Hacer preparativos, o no


Puede que en el lugar que escojas ya haya una casa y los preparativos se limiten a adornar el jardín. Con alfombras, cojines, luces, piscina de partos, telas para cortar el viento o leña para una hoguera.


O puede que el lugar no tenga nada para cobijarse. En ese caso puedes barajar hacer una pequeña estructura simplemente para tener un techo bajo el que protegerse. O poner una tienda de campaña, o una bell tent (tienda de campaña de lona y más grande). Hacer camping al aire libre está regulado en algunos sitios, pero al menos en mi experiencia, no es problema en lugares poco concurridos. O puede que tengas, o te apetezca alquilar, un vehículo camperizado en el que tengas un poco de todo.


Parto en el bosque, nacimiento a los 24 min de vídeo

Me llama la atención la cantidad de preparativos que hicieron


Dependiendo de si te apetece estar allí solamente para el parto o si quieres instalarte durante más tiempo, tendrás que preparar otras cosas. Pero lo más básico se resume en un colchón cómodo, un frontal para tener luz, un buen camping gas, y una reserva de agua y comida.


Si el tiempo acompaña, todos los preparativos serán más fáciles. Si anticipas mal tiempo, simplemente organiza un plan B, moverte allí cuando el parto empiece y/o marcharte unas horas después del parto. No hace falta que decidas nada, simplemente que respetes lo que te pida el cuerpo.


Puede ser que tu plan sea pasar sólo una parte del parto al aire libre, o que nazca tu bebé allí o no dependa de las condiciones del tiempo. Puede que sea un lugar tan cómodo que te instales allí un tiempo o que volváis a casa unas horas después del parto.


Las necesidades cambian, el lugar que deseamos para el parto no tiene por qué ser el mismo que para el postparto. Baraja todas las opciones, sin aferrarte a ningún ideal.



Mi parto bajo la lluvia


En mi tercer embarazo estaba en el Caribe, y por lo tanto, pude quitarme mi primer prejuicio, el mal tiempo. Allí el tiempo siempre acompañaba y podía imaginarme sintiendo calor en mitad de una noche estrellada.


Vivía en un velero, así que no iba a tener un parto en casa. Hice planes de parir en alguna de las pequeñas islas inhabitadas de San Blas, Panamá. Pero los planes se hundieron, junto al barco, cuando estaba de 34 semanas.


Cuando reevalué la situación me di cuenta de que seguía queriendo parir sin ser vista o escuchada. Seguía queriendo estar rodeada de verde, de agua en movimiento... Quería soledad humana y compañía de la madre tierra, amplia, inmensa, sin parcelas. Quería sus olores, su sensación en la piel, sus sonidos, su amplitud. De repente la idea de parir en casa, entre cuatro paredes, se me antojaba una cárcel.


Cuando la vida me trajo de vuelta a Asturias, nos instalamos en la autocaravana de mi padre, que a día de hoy sigue siendo nuestra casa. Encontramos el lugar en el que di a luz unos días antes del parto, dejándonos guiar por la intuición. En un rincón en la reserva natural de Redes, donde no había casas ni cobertura. Cerca de una carretera por la que apenas pasaba nadie, más cerca aún del río.


En la caravana teníamos un poco de todo, simplemente rellenamos nuestras reservas. El inicio del parto nos pilló en casa de una amiga, así que cuando el parto cogió un poco de ritmo me puse al volante, sí, con contracciones cada 5-10 min. Puse música, colgué algunos dibujos, unas luces, y me puse a bailar. Unas horas más tarde, solos, de noche, arrodillada y lloviznando, nació nuestra hija. Mis manos y la hierba fuimos las primeras en rozar su piel.


Una parte de mí piensa que pude hacerlo porque era verano, porque pude usar la autocaravana. Y otra parte de mí sabe que di a luz al aire libre por un pulsar interno, intenso e irracional que no me dejaba hacer otra cosa. Si no hubiera sido así habría encontrado otra forma.


Pasamos los primeros siete días postparto en ese lugar. Y cuando así lo sentimos, salimos de nuestra burbuja para compartir lo vivido, y seguimos viaje.



Valle, Mayo 2023

Revisado Febrero 2024

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