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Valle

Siempre quise ser guardiana del nacimiento, desde niña sabía que éste era uno de mis propósitos en esta vida. Siempre supe que mi forma de hacerlo era acompañar con exquisito respeto este evento sagrado, este cambio radical en la vida que tanto potencial tiene de enraizarnos y reconectarnos con nosotras mismas.  

 

Siempre supe que la única libertad posible nacía en la autonomía, en el coger las riendas de nuestra vida sin delegarlas en manos ajenas, el buscar la información que necesitamos a veces para tomar decisiones. Pero ahora también sé, en este año en que los vientos de cambio han sacudido mi vida, que algo muy poderoso nos guía desde dentro. Una voz tranquila que habla alto y claro cuando le damos espacio. Una voz que desde la confianza, y no desde el control, nos muestra el camino más directo, sin florituras, sin rodeos, sin pamplinas, sin obstáculos. Ahora sé que cuando prestamos atención a esta voz nos sentimos llenas de verdad rebosando los poros, llenas de magia y sincronicidades, llenas de rupturas de viejos moldes de sumisión, llenas de nosotras mismas, de nuestra parte más salvaje.

 

Después de casi 8 años decidada en cuerpo y alma a acompañar partos en casa y a dar apoyo en partos autogestionados, sentí que era momento para tomarme una pausa, para conectar más profundamente conmigo, para crecer, para viajar. Y el viaje me llevó a reencontrarme con un viejo amor, al otro lado del océano, a decidir vivir esta época de mi vida sin estar amarrada a un puerto. 

 

Escribo esto bajo el cielo estrellado guatemalteco, mecida por el agua en este pequeño velero que en este momento llamo casa. Y sé que esta pasión mía por los partos y todo lo que les rodea sigue teniendo cabida aunque mi rumbo ahora mismo lo dicte el viento. 

 

Quiero seguir aportando mi granito de arena para que las mujeres reconectemos con nuestra sabiduría innata, para que confiemos en nuestros cuerpos, para que nos dejemos arrastrar por la corriente de la vida, con rendición y gozo, como lo hacemos en nuestros partos. 

 

Y aunque no sé donde se me encontrará en el mapa en unos días, unas semanas o unos meses, dejo este cordón umbilical conectado a través de la red/web que todo lo une, recordándonos que no existe el tiempo ni la distancia... que puedo aportar, compartir, crecer a vuestro lado donde quiera que esté.  Si sientes que hay algún camino que podemos recorrer juntas de la mano, aquí estoy dispuesta a exprimir hasta la última gota de aprendizaje mutuo. 

 

Valle, Octubre 2021