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Desgarro vaginal en el parto

Una de las preocupaciones recurrentes entre las mujeres a la hora de imaginarse su parto, es el temido desgarro. Y si bien la idea de tener un desgarro suele resultar poco apetecible, también es cierto que existe mucha desinformación al respecto, generando miedos desproporcionados. Así que escribo esta sección para compartir un gran descubrimiento, nada sorprendente. Que nuestro cuerpo se cura de un modo increíble.



Cabeza coronando, dedos de una mujer tocando la entrada de su vagina | Dar a Luz





Miedo a los desgarros


Recuerdo perfectamente, antes de haber visto unos cuantos desgarros y, sobre todo, antes tener mi primer desgarro, la preocupación que me generaba este tema. No podría poner una cifra sobre el número de horas durante las que este tema acaparó mi cerebro de embarazada, pero recuerdo que fueron muchísimas. Muchísimas más de las que me llevó curar mis desgarros cuando, a posteriori, los tuve.


Con retrospectiva, tras haber vivido la experiencia en mi propio cuerpo, pienso que me podría haber ahorrado muchas horas de preocupación desproporcionada. Nuestro cuerpo está pensado para desgarrarse y curarse perfectamente.


La palabra desgarro tiene una connotación bastante negativa. La idea de que nuestros cuerpos se rompen para dar a luz a nuestros hijos invade nuestra cultura.


Cuando el parto se ve desde la perspectiva masculina el desgarro se percibe como una imperfección del cuerpo. Como algo que se ha roto y debe ser reparado. Como algo que no ha funcionado bien. Como algo que puede quedar mal para siempre.


Está tan clavada esta idea que ha dado pie a aberraciones como "el punto del marido". Cuando  un ginecólogo le decía el marido “te la he dejado como una virgen”. Y eso significaba que había puesto más puntos de los que eran necesarios para, supuestamente, aumentar el placer del hombre en esta cultura misógina. Y, por supuesto, ignorando por completo el dolor, las molestias y las consecuencias de tal acto para quién lo ha sufrido.


Creo que tenemos expectativas poco realistas de cómo va a estar nuestro cuerpo después del parto. Una cosa está clara: no vamos a volver a tener nunca el cuerpo como era antes de tener un bebé. Y eso no tiene una connotación negativa, no. Simplemente eso significa que cambiamos, que crecemos, que evolucionamos. Y que, igual que no somos la misma persona después de un gran aprendizaje, nosotras no somos las mismas después de haber tenido hijos.


Y nuestro cuerpo no es el mismo, guardará las marcas que nos recordarán que pasamos por este proceso. Marcas sutiles, seguramente imposibles de advertir por otros. Pequeños detalles que nosotras sabemos, que nos recuerdan, para bien, que no somos las mismas.


Ojalá empezáramos a adorar el cuerpo de las mujeres tras sus partos de la misma manera que romantizamos los cuerpos embarazados. Los desgarros no son desperfectos sino todo lo contrario. Son la prueba de la perfección de nuestros cuerpos creadores de vida.



¿Qué es un desgarro en el parto?


Un desgarro en el parto significa que, al final del parto, durante el expulsivo, poco antes de salir la cabeza del bebé, los tejidos de nuestro periné o vulva se estiran tanto que llegan a romperse espontáneamente.


Aunque la idea pueda resultar poco atractiva, es importante hacer hincapié en que, por una parte, en el momento de producirse, los desgarros son indoloros (nos damos cuenta espontáneamente de que desgarramos, un buen rato tras el nacimiento, por una sensación de escozor). Y por otra, los desgarros, aunque no sistemáticos, son normales.


Se estima que entre el 80 y el 90% de las mujeres que tienen un parto vaginal tendrán algún tipo de desgarro. Si bien es cierto que tener un desgarro en un parto es tan común que todas deberíamos abrazar esta idea con tranquilidad, también lo es que no todos los desgarros son iguales. Dependiendo de la ubicación y del tipo de desgarro que tengas, las molestias, las curas y las posibles secuelas pueden ser muy distintas.


Habitualmente, en el ámbito obstétrico, cuando se habla de desgarros, se hace referencia a los desgarros que se sitúan en el periné. Es decir, el área entre la entrada de la vagina y el ano y que está formado por la mucosa vaginal, varios músculos y el tejido conectivo. Es decir, los desgarros a los que se suelen referir se inician en la entrada de la vagina y se extienden más o menos, pudiendo, en los casos más graves, alcanzar el esfínter anal.


Aunque estos desgarros no son los únicos que existen, son prácticamente los únicos que se tienen en cuenta. Por una parte, porque todavía a día de hoy, la posición más común para parir en entorno hospitalario es la litotomía. Facilitando así que los desgarros se den principalmente en esta zona del cuerpo. Y por otra parte, los desgarros que se dan en la vulva suelen ser menores, así que se les quita importancia e incluso se les invisibiliza.


Lo cierto es que, dependiendo principalmente de la posición en la que paras (aunque no sea el único factor que influye), puedes tener desgarros en distintos sitios. Pueden darse en el periné, pero también en el interior de la vagina, en el cuello del útero (aunque son poco habituales, pueden ser consecuencia de los pujos dirigidos y cicatrizan tan bien como cualquier otro desgarro sin necesidad de hacer nada), en los labios menores o mayores y entorno al clítoris.



Desgarros de grado 1 y 2 (desgarro de tipo I y II)


Los desgarros se producen al final del parto, cuando el cuerpo del bebé estira los tejidos en los últimos minutos antes de nacer. En ese momento toda la zona experimenta un montón de sensaciones pero, curiosamente, el desgarro en sí mismo no produce dolor.


Los desgarros se clasifican en 4 grandes tipos según la gravedad, que va en función de la profundidad del desgarro y los tejidos implicados. Siendo el de primer grado más superficial y el de cuarto grado el más profundo.


Empezando por los de primer y segundo grado, lo primero que diría es que además de ser los menos molestos (en el sentido de que el dolor suele durar poco y se cierran con rapidez), también son los más habituales. Es muy común tener un desgarro de primer o de segundo grado en un parto vaginal. Incluso es bastante habitual tener varios desgarros pequeños combinando estos dos tipos.


Un desgarro de primer grado es un desgarro superficial en el que la herida se produce únicamente en la piel o en la mucosa vaginal. Se suelen cerrar fácilmente de forma natural. Ni siquiera los profesionales más intervencionistas suelen coserlos.


Un desgarro de segundo grado va un poco más profundo e incluye los músculos del periné. En el hospital, lo habitual es que estos desgarros se suturen. Aunque existen otras formas de curarlos igual de eficaces si no más.



Desgarros de grado 3 y 4 (desgarro de tipo III y IV)


Los desgarros de tercer y cuarto grado sí que suelen traer bastante más complicaciones.

Por suerte, estos desgarros son mucho menos frecuentes que los anteriores, se estima que ocurren en el 5 a 9% de los partos vaginales. También son los desgarros para los que más medidas de prevención podemos tomar como detallaré más adelante.


Un desgarro de tercer grado es un desgarro que, además de la piel y los músculos perineales, también afecta parcial o totalmente la musculatura del esfínter anal (la que controla la defecación).


Un desgarro de cuarto grado es un desgarro en el que, además de los anteriores tejidos mencionados, también está afectada la mucosa del recto.


Ambos desgarros son graves y requieren una sutura específica, generalmente realizada en el hospital, simplemente porque quien acompaña partos en casa se los encuentra con tan poca frecuencia que raro es que tenga la experiencia de haber cosido uno o dos en su vida. Y precisamente porque éstos desgarros sí dan problemas de incontinencia si no se cosen o se curan bien, es importante que queden muy bien cosidos, por capas.



Diferencia entre desgarro y episiotomía ¿Qué es mejor?


¡Sin duda alguna, mucho mejor un desgarro que una episiotomía! La episiotomía es una intervención inútil, misógina, sumamente invasiva y con graves consecuencias. Y no es más fácil de reparar que un desgarro. Por mucho que se suela hablar de ella como un "cortecito" es, en la mayoría de los casos, más grande que un desgarro espontáneo.


El desgarro, cuando ocurre, se produce espontáneamente, al estirar, el bebé, los tejidos durante el parto. Una episiotomía, al contrario, es un corte intencional, realizado por el personal sanitario en el periné de la mujer que está de parto. Se trata de un corte, típicamente en la parte de abajo del lado derecho de la mujer,  que se realiza cuando la cabeza del bebé está coronando.


Es común que, para realizar una episiotomía, se compare la vulva de la mujer de parto (y en litotomía) con un reloj en el que el clítoris está en las 12. Para realizarla, no se puede hacer un corte en cualquier dirección y ángulo. Siguiendo con la representación del reloj, en una episiotomía la tijera corta en dirección del 7. Como dato adicional, si tienes una episiotomía del lado izquierdo, es que fue realizada por un profesional zurdo que, en vez de cortar hacia el 7, lo hizo hacia el 5.


La episiotomía es equiparable a un desgarro de segundo grado en el sentido de que afecta los mismos tejidos (piel, mucosa vaginal y músculo). Pero, al ser un corte artificial y no una ruptura espontánea de los tejidos, su cicatrización es mucho más complicada. El "corte limpio" supone una dificultad para la curación espontánea, y no del revés.


Además de minimizar e invisibilizar sus secuelas, existe la falsa creencia de que las episiotomías permiten reducir el número de desgarros. Muchos profesionales caducos siguen guiando su praxis por esta errónea creencia, perpetuando la mutilación femenina normalizada en occidente. Hace ya décadas que se denuncia el uso injustificado de las episiotomías, y las cifras se han reducido, pero a mi ver siguen siendo tremenda e injustificadamente altas.


Peor aún, en muchas ocasiones, cuando una mujer expresa su deseo de que no se le realice una episiotomía rutinaria, se la infantiliza y manipula. Se la amenaza con la mentira de que, negándose a una episiotomía, se arriesga a sufrir un desgarro de tercer o cuarto grado, con secuelas de por vida.  La episiotomía no evita desgarros, la episiotomía es un desgarro a base de tijera.  Puedes leer más sobre el tema en este artículo de El Parto Es Nuestro.


La episiotomía sólo está justificada cuando el latido del bebé indica que no se encuentra bien y cortar la vagina pueda acelerar el nacimiento unos segundos o minutos cruciales. La episiotomía sólo se hace con la cabeza coronando, está de hecho desaconsejado hacerla antes, eso significa que el bebé iba a nacer de todos modos en una o dos contracciones con pujos espontáneos. ¿Realmente son tanto los casos en los que compensa esa prisa teniendo en cuenta las secuelas de la episiotomía? ¿O es que les importa bien poco nuestro bienestar y simplemente se actúa por prisas, aunque no haya urgencia vital?


En caso de que realmente sea necesario un parto instrumental (con fórceps o ventosa), muchas veces también realizados injustificadamente, hacer una episiotomía ayuda a hacer espacio para colocar el material. Aún así muchos podrían hacerse sin episiotomía.


Posibles secuelas de una episiotomía:


  • Aumento de probabilidad de tener un desgarro grave de tercer o cuarto grado. (¡¡Sí, sí, aumento!!)

  • Mayor dolor en el parto (la episiotomía, al contrario del desgarro, sí se siente en el momento de su realización, por eso en la mayoría de los casos se pone anestésico local, pero hay historias de terror en los que profesionales acostumbrados a que las mujeres tengan la epidural puesta han hecho episiotomías "a pelo" con el consecuente grito de dolor de la mujer de parto)

  • Mayor dolor en el postparto (la percepción de la intensidad del dolor es propia de cada persona, sin embargo, existen estudios que demuestran que las mujeres que han sufrido una episiotomía se quejan del dolor durante mucho más tiempo en su postparto: 3 semanas o más)

  • Dolor en las relaciones sexuales e inicio de la vuelta a la actividad sexual más tardía con una episiotomía que con un desgarro (una cosa es no meterse prisa por retomar las relaciones sexuales sino iniciarlas cuando te apetezca, otra que tengas una dolencia o un impedimento físico)

  • Mayor afectación de la musculatura del suelo pélvico (ya que el corte no sigue las líneas naturales del tejido como se produciría en un desgarro espontáneo) y mayores problemas de salud a corto y largo plazo, por ejemplo de incontinencia urinaria.


Así que, si te ofrecen una episiotomía para evitar un desgarro, ahora sabes y puedes elegir y negarte libremente.



¿Cómo evitar un desgarro en mi parto?


Volviendo al tema de los desgarros, desde que viví en primera persona la experiencia y cuánto más mujeres tengo el privilegio de acompañar, más sentimientos encontrados despierta en mí esta pregunta.


Es tan común que una parte de mí siente que es legítima. Yo misma me la hice. Pero otra siente que nace de la desinformación entorno a los desgarros, del miedo desproporcionado e inculcado o incluso de cierta forma de rechazo a los cambios físicos y estéticos asociados al embarazo y parto.


Y lo que más me rechina, probablemente sean las respuestas en forma de “trucos mágicos”. Primero porque dan a entender que depende de ti, de tu esfuerzo, de tu empeño, de que lo hagas "bien" o "mal" que vayas a tener o no un desgarro. Lo cual no es cierto y sigue poniendo el foco en la mujer "defectuosa", "perezosa" en vez de en sus verdaderas causas .


Para seguir, porque indirectamente, alimentan el cauce del río del rechazo a los desgarros, del miedo al parto, del dictado del cuerpo estéticamente perfecto según unos cánones de belleza tóxicos. Y, sobre todo, porque no distingue. Trata de igual manera un desgarro de primer grado que de cuarto.


Querer evitar, a toda costa un desgarro, es lo mismo que querer evitar, a toda costa, que nuestras criaturas se caigan a lo largo de su desarrollo. Y no es lo mismo procurar que no se abran el cráneo, que evitar que se raspen las rodillas.


Desear evitar un desgarro de tercer o cuarto grado, equivale a desear evitar que nuestros peques se hagan lesiones graves, es protección. Pero desear evitar un desgarro de primer o segundo grado, es un miedo desproporcionado e infundado que se asimila a limitar el juego y la exploración de nuestros hijos con tal de dejar su piel absolutamente impoluta.


Por eso, la pregunta "Cómo evitar un desgarro en mi parto" no debería ser la misma si se trata de evitar un desgarro de primer o segundo grado, que un desgarro de tercer o cuarto grado.


En internet, se pueden leer multitud de tips: aplicar compresas caliente en el periné durante el expulsivo, sostener el periné mientras nace la cabeza del bebé, presionar a un lado, aplicar lubricante, aplicar frío… Lo cierto es que ninguno de estos trucos ha demostrado su eficacia.


Además, es importante ser consciente de que existen factores inherentes que pueden facilitar (que no garantizar) la aparición de un desgarro, como son por ejemplo:

  • La posición de la cabeza del bebé (aunque, a veces, se pueden elegir posturas que facilitan que cambie de posición).

  • Una distocia de hombros (complicación muy poco frecuente en la que uno de los hombros del bebe se queda atascado bajo el hueso del pubis, aunque, teniendo libertad de movimiento, se puede evitar).

  • Un periodo de expulsivo especialmente largo (por agotamiento, la mujer acaba pujando con mucha fuerza, a veces sin dejarle el tiempo suficiente a sus tejidos para estirarse).

  • Un primer parto.

  • Cuando el peso del bebé es mayor de 4 kilos.

  • Tener un parto instrumental (porque implica, muchas veces, una episiotomía, la cual facilita la aparición de un desgarro mayor)


Lo que sí puede facilitar (¡que no garantizar!) que tengas un periné intacto en tu parto son principalmente 3 cosas:

  1. Escoger un ambiente que respete la naturaleza y el ritmo de parto y no lo fuerce (intimidad, negarte a una inducción, evitar el uso de la analgesia epidural para poder ser consciente del estiramiento de tus tejidos y respetar su ritmo y negarte a una episiotomía de rutina)

  2. No estar tumbada, no aceptar pujos dirigidos, no tener prisas:

-Parir en la posición que te pide el cuerpo y disponer de toda la movilidad que necesites.

-Rechazar los pujos dirigidos: que nadie te diga cómo, cuándo ni durante cuánto tiempo pujar, y si te lo dicen, que tengas el valor de ignorarlos.

-Alargar el expulsivo, si así lo deseas, cuando sientes el aro de fuego, soplando (aunque no siempre se consigue).

-Retener tú misma, con tus propias manos, la cabeza del bebé si así lo deseas y mientras sientes que te alivia.



Este último, de hecho, es el único método que parece haber demostrado su eficacia en estudios. Sin embargo, tiene dos peros muy importes: primero, no tiene ningún sentido que realices el famoso masaje perineal si en vez de disfrute, supone molestia, aburrimiento y es una tarea desagradable.


Y segundo, su eficacia tampoco es una gran garantía. Parece ser que, realizado rigurosamente y durante varias semanas, evitaría 1 de cada 10 desgarros. Además, si bien parece que permite limitar los desgarros de III y IV, no se ha demostrado ninguna incidencia en los desgarros de tipo I y II.



¿Cuándo y cómo te cosen después del parto?


En el ámbito hospitalario, lo habitual es que los desgarros se cosen, punto.


Cuando los desgarros se suturan, se suelen usar suturas finas que se resorben por sí mismas con el tiempo. Se recomienda hacer un cosido continuo, pero aún muchos profesionales usan los puntos individuales que, está comprobado, curan peor.


La mayoría de los desgarros de segundo grado (a veces incluso los de primer grado) se suturan en el paritorio y se puede pedir la administración de un analgésico local en caso de no tener la epidural. Coser sin anestesia no es indoloro.


Algunos desgarros, los de tercer o cuarto grado pueden requerir que la sutura se realice en el quirófano. Se trata de una sutura compleja y es especialmente importante, en este tipo de desgarros se suturen pronto, idealmente en las primeras 2 horas postparto.



¿Existe la opción de no poner puntos tras un desgarro?


En el hospital, si tienes un desgarro de primer o segundo grado, puedes negarte a que te cosen, pero por protocolo o por costumbre y creencias, es muy poco probable que se respete tu decisión. Con un desgarro de tercer o cuarto tipo, no sería recomendable.


En los partos en casa creo que la mayoría de las matronas no ofrecen la posibilidad de no coser desgarros de segundo grado, porque su creencia sigue siendo que no coser acarrea más problemas de cicatrización. Cuando un desgarro de tercer o cuarto grado ocurre en casa, suele ser motivo de traslado.


Nosotras optamos por prescindir de poner puntos. Primero porque, con un desgarro espontáneo que se produce en un parto en el que la mujer ha podido moverse libremente, escoger la posición en la que mejor se sentía para parir, sin epidural y sin pujos dirigidos, no solemos encontrarnos con desgarros de tercer o cuarto grado. Si no me equivoco, a lo largo de los últimos 9 años, solo ha ocurrido una vez.


El segundo motivo por el que no usamos la sutura es porque consideramos que el desgarro es una variable fisiológica normal en un parto. Nuestro periné está pensado para estirarse, y de ser necesario, desgarrarse. Siendo un desgarro espontáneo y no un corte artificial, se produce en la parte ideal, siguiendo las fibras de los tejidos. Y si es así, nuestra anatomía hace que, estemos en la posición que estemos, los tejidos separados se van a reencontrar y juntar justo donde lo necesitan.


De esta manera, evitamos juntar los tejidos artificialmente, pudiendo provocar incomodidades si se unen tejidos en una posición distinta a la que adoptarían naturalmente. ¡Los puntos tiran! A veces incluso años después de haber desaparecido. Con la cicatrización espontánea, no suele ocurrir.


Lo que sí ofrecemos, son cuidados y remedios naturales que favorecen esta recuperación espontánea. La primera y más básica de todas, es simplemente mantener limpio el desgarro y lo más seco posible.



¿Cómo curar un desgarro en el parto? Remedios caseros


Es cierto que nuestro periné está diseñado para desgarrarse y curarse muy bien, pero hay un mínimo de precauciones que podemos tomar para ayudarle y, sobre todo, evitar que se infecte nuestro desgarro. Un desgarro infectado tardará mucho más tiempo en cerrarse y será mucho más doloroso, favoreciendo, además, que se mantengan unas molestias después de haber terminado el proceso de cicatrización.


Por este motivo, poner el foco en el higiene es tan sumamente importante. Lo primero que se puede hacer es aprovechar cada vez que vamos al baño para limpiar cuidadosamente nuestro desgarro con agua y secarlo delicadamente (con una toalla, a toquecitos, sin frotar).


Si bien se puede hacer fácilmente en el bidet o bajo la ducha, también podemos usar, para los desplazamientos o si no tenemos bidet, un bote de plástico como las botellas de kétchup, con pitorro, que tienen la suficiente presión para dirigir el chorro de agua directamente hacia el desgarro sin que sea demasiado fuerte para la herida.


Si se prefiere, también se puede realizar una decocción de plantas cicatrizantes y usarla para limpiar el desgarro con esta botella. Para ello se mezclan 100 gramos de cola de caballo y 100 gramos de romero en 1 litro de agua. Se calienta hasta que hierva el agua y se cuela.


Con estas mismas decocción de plantas cicatrizantes, se pueden realizar baños de asiento (remojar el suelo pélvico varias veces al día en agua tibia).


Otro remedio muy eficaz es la aplicación de trozos de las membranas de la bolsa amniótica. Poseen unas fantásticas propiedades cicatrizantes. Tras el parto, si dispones de tus membranas, estíralas en papel de horno y déjalas secar 24 horas. A posteriori podrás recortarlas al tamaño que necesites, humedecerlas y aplicarlas en cualquier herida, corte, grieta o quemadura.


Algunas personas escogen aplicarse miel (de buena calidad) y arcilla verde directamente en la herida. También se puede aprovechar el uso de la compresas para aplicar la arcilla en la compresa y encima, la miel. Es importante, tanto si te lo aplicas directamente como si lo haces en la compresa, que lo que esté en contacto directo con la herida sea la miel.


Pero lo que más eficacia nos ha demostrado en los últimos años, es el uso de las hierbas de sutura. Se trata de una mezcla de raíz de consuelda, llantén y romero deshidratados y molidos muy fino. Se mezclan a partes iguales y se aplica una capa gruesa directamente en la herida y se cubre de arcilla verde en polvo. En general, una sola aplicación es suficiente para conseguir que los desgarros se cierren en pocos días.



¿Cuánto tiempo tarda en cerrar un desgarro de parto? ¿Cuánto tiempo duele?


Tanto el tiempo de cicatrización como el grado de dolor dependen de varios factores. Para empezar está el tipo de desgarro que hemos tenido, cuán profundo es. De manera general, a más profundo el desgarro, más tarda en cicatrizar y más tiempo duele.


También depende de cómo ha sido "tratado" el desgarro. Coser el desgarro no suele implicar una cicatrización más rápida y los propios puntos pueden generar unas molestias que duran bastante en el tiempo. Poner el foco en medidas básicas de higiene es fundamental en la recuperación de estos desgarros, mucho más que la decisión de coser o no coser. De no dedicarles este cuidado específico, podrían generar molestias o incluso dolor en las relaciones sexuales.


De manera general, un desgarro que se ha limpiado con frecuencia, no se ha infectado, al que se le ha aplicado remedios que favorecen su cicatrización y se ha tratado con cuidado (no levantar peso ni realizar movimientos bruscos) se cerrará en una media de 3 a 10 días.


La percepción del dolor es algo subjetivo y es muy difícil decir precisamente cuánto duele un desgarro o durante cuanto tiempo. De manera general, el desgarro no duele en el momento de producirse pero sí empieza a escocer poco después del parto. En los primeros días postparto, es habitual sentir la zona entumecida, pesada. Pero esto puede ocurrir tanto si hay desgarro como si no es el caso.


Lo que sí es típico de los desgarros es la sensación de ardor al orinar. Aunque es desagradable, esta sensación no es una señal negativa. Se puede aliviar haciendo pis en el agua o dirigiendo la alcachofa de la ducha hacia la vulva (no directamente en la herida). Esta sensación es más intensa en la primera micción y suele ir desapareciendo rápidamente


Lo importante, a la hora de observar y cuidar nuestros desgarros es comprobar que, cada día, el dolor mengua. Si no es el caso o si de repente va en aumento, es señal de que hay un inicio de infección y es importante reaccionar pronto para que no vaya a más.



Complicaciones y secuelas de los desgarros perineales


La principal preocupación entorno a los desgarros, más allá del dolor o de los cuidados que requieren en el postparto inmediato, suele ser la de las secuelas que nos dejarán. Tememos que el desgarro nos incapacite de por vida (miedo que, por estadística, más bien debería ir asociado a las episiotomías).


Con los desgarros de primer y segundo grado, no suele haber secuelas importantes, especialmente si se ha dedicado tiempo a mantenerlos limpios y se les ha realizado las curas necesarias en el momento de su cicatrización.


Las complicaciones suelen más bien ir asociadas a los desgarros más graves, de tercer o cuarto grado. Éstos pueden implicar:


  • Mayor probabilidad de que se infecte el desgarro por su localización

  • Mayor riesgo de dehiscencia, es decir separación prematura de los puntos

  • Mayor dolor en las relaciones sexuales

  • Problemas de control intestinal como la incontinencia fecal, pudiendo llegar a ser necesario acudir a cesiones de fisioterapia especializada

  • En los casos más graves, se puede llegar a recomendar una cesárea (aunque no necesariamente sea justificada) en el siguiente parto, especialmente si el proceso de cicatrización del desgarro del anterior parto todavía no ha terminado.


En todo caso, haber tenido un desgarro en un parto previo no significa que vayas a volver a tenerlo. Eso sí, de tenerlo, es probable que se de en la misma zona, por ser, el tejido cicatrizado, mas débil que un tejido intacto.



¿Qué es un periné intacto?


Para acabar esta sección, me gustaría hablar un poco de periné intacto. Porque el desgarro, en la mayoría de los casos, ni suele ser un problema cuando se presenta, ¡ni tampoco es una fatalidad! Lo cierto es que puedes tener factores de riesgo, no haber tomado ninguna precaución, parir y… ¡Tener un periné intacto! Doy fe, gracias a las mujeres que he acompañado, de que tener un parto vaginal no necesariamente implica tener un desgarro.


Respecto al término "periné intacto", también es cierto que, en ámbito hospitalario y en la nomenclatura habitual, hace referencia al periné. Exclusivamente. Conozco a mujeres que han tenido desgarros labiales especialmente importantes y, sin embargo, estrictamente hablando, tienen un periné intacto. Es decir, esta clasificación es engañosa en el sentido que da a entender que no ha habido ningún tipo de desgarro cuando, en realidad, solo se refiere a una de las zonas que pueden presentar desgarros.


Con este apunte, lo que quiero señalar es que las cifras y los estudios nos dicen poca cosa, omiten datos relevantes y son fácilmente manipulables por la falta de transparencia.


Cuando un hospital se farda de tener una alta tasa de periné intacto, no significa que no haya desgarros, sino que hay pocos en periné y que incluye en esta cifra a las mujeres que sometieron a una cesárea (justificada o no). Cuando hablan de sus cifras de desgarros de tercer o cuarto grado, suelen omitir cuantos de ellos suceden a consecuencia de una episiotomía o en partos en litotomía...


Nosotras hemos decidido compartir, con transparencia, nuestras estadísticas relativas a los desgarros en los partos que hemos acompañado, en casa, entre el 2013 y 2022. Quedan excluidos de esta estadística los partos en los que hubo un traslado hospitalario anteparto o intraparto puesto que queremos compartir las cifras de los partos en los que no se impuso ninguna posición para parir, no se dirigieron los pujos  ni, por supuesto, se realizaron episiotomías o cesáreas. En total hubo:


  • un 0% de episiotomía (y seguirá siendo así siempre puesto que nos negamos a realizarlas)

  • un 4,3% de mujeres que nos pidieron no revisarlas tras el parto

  • un 8,6% de partos con periné intacto (ningún tipo de desgarro en ninguna zona)

  • un 26,9% de las mujeres tuvieron desgarros únicamente de primer grado

  • un 59,1% de las mujeres tuvieron desgarros de 2 grado o una combinación de desgarros de segundo y primer grado

  • un 1,1% de desgarros de tercer grado

  • un 0% de desgarros de cuarto grado


Esto significa que tuvimos un total de 87,1% de desgarros. Y aunque la cifra puede parecer alta, incluye todo tipo de desgarros, incluidos los que, en entorno hospitalario, no se incluirían por leves o ubicados fuera del periné. Lo cierto es que tan solo cosimos 3 desgarros por circunstancias particulares y excepcionales. Y todos estos desgarros (cosidos o no) tuvieron muy buena recuperación.

 

 

Clém, Junio 2024

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