Dar a Luz en Casa Nace Valle postparto n

Tengo miedo al parto en casa

Este es un miedo heredado de nuestra sociedad, de los mensajes con los que nos han bombardeado durante el último siglo: que el parto es peligroso, que nuestros cuerpos de mujeres son máquinas defectuosas, que la naturaleza no es de fiar y que solo desde el exceso de control, tecnología y por supuesto mucha "ciencia" podemos salir vivas de esto.

 

Parece increíble que nos lo hayamos creído tanto en tan poco tiempo. Parece increíble que aún cuando muchas de nuestras abuelas parieron en casa, cuando toda la humanidad nació en casa hasta entonces, hayan conseguido hacernos calar tan profunda la desconfianza. Pero el miedo se esparce como la pólvora cuando en una mujer se siembra la desconfianza en su cuerpo y el mensaje "sin nosotros tú o tu bebé no habríais sobrevivido". Esa semilla envenena generaciones y se multiplica cuando estando embarazadas se nos acercan aún más personas a contarnos sus historias de terror sin siquiera etiquetarlas como violencia obstétrica.

 

Es tal el miedo, que la mayoría de las personas no ven posible un parto sin un profesional sanitario presente, lo cual en sí mismo es una locura igual a pensar en no montarse en un coche sin un mecánico de copiloto o al volante, por si acaso. 

 

Para mi la explicación de cómo hemos llegado hasta aquí es profunda y compleja. Requiere revisar la historia con objetividad y eso no es fácil conseguirlo, porque la historia suelen contarla los vencedores. Un libro que me parece muy bueno a ese respecto y recomiendo sin duda es el de Por tu propio bien. 150 años de consejos expertos a mujeres de Barbara Ehrenreich y Deirdre English. 

 

El miedo al parto en casa deriva de varias falsas creencias, tan empapadas en el aire que no hace falta ni reconocerlas ni verbalizarlas para que inserten en nuestra mente la desconfianza al parto en el calor del hogar.

 

 

El parto es peligroso en sí mismo

 

La inmensa mayoría de los partos se desarrollan con normalidad. El parto fluye mejor cuando no interferimos. El ambiente del hospital, sus intervenciones innecesarias y sus tiempos hacen que muchos partos se desvíen de la normalidad y haga falta intervenir más para corregir cada paso mal dado en la cascada de intervenciones. 

 

El otro problema es que la normalidad está tan arrinconada que nos dejan cada vez menos posibilidades de ser "normales".

 

Antaño más mujeres y bebés morían porque las condiciones de vida eran peores, porque teníamos menos medios para actuar cuando las cosas realmente iban mal. La introducción del parto hospitalario fue simplemente oportunista, ocurrió en un momento de avances y mejores condiciones de salud pública, lo que redujo las muertes, y muchos aprovecharon la baza para dar el mérito de ese avance al hospital. Esa falsa garantía, además del inyectar miedo al parto, eran los únicos ingredientes que necesitaban para que las embarazadas entraran por la puerta del hospital con fe ciega en sus salvadores. 

 

 

Las matronas no tienen suficiente formación

 

Este es otro error común, el ver al médico como especialista supremo, y la matrona como su subordinada. Este es un lastre que arrastramos de la regularización de la matronería que a punto estuvo de extinguirse por el intrusismo médico en nuestra profesión. Intrusismo que sigue ocurriendo a día de hoy en las consultas antenatales de la embarazada sana y muchos otros aspectos del acompañamiento al embarazo, parto y postparto. 

 

Tiene que quedar claro que el ginecólogo es el especialista en la patología obstétrica, y sin duda será la persona adecuada para hacer una cesárea. Su formación está basada en todo lo que puede ir mal y en cómo intervenir. Cuando dejas a un ginecólogo acompañar un parto normal a menudo ve una bomba a punto de estallar, de ahí la prisa por que el bebé nazca que tienen algunos. 

 

La matrona es un profesional autónomo, la especialista en acompañar el parto sin desviarlo de su curso, capaz de observar y ser paciente ante la naturaleza que se despereza ante ella. Puede detectar de la misma forma que un ginecólogo desviaciones de la normalidad, pero su foco está puesto en la confianza. 

 

Las matronas estamos especializadas en favorecer el ambiente que haga que el parto avance, en tener paciencia cuando todo va bien, en trasladar con margen cuando puede ser de ayuda, en gestionar hemorragias, distocias y reanimaciones con nuestras manos, pero además con el material que llevamos con nosotras. 

 

 

En casa no hay todo el material necesario para resolver emergencias

 

La realidad es que las matronas que acompañamos partos en casa lo hacemos con exactamente el mismo material que en el hospital. Lo único que no hay en casa en un quirófano y las personas que trabajan en él, por eso cuando se anticipa que pudiera ser necesario un quirófano se traslada. 

 

Esta creencia está tan extendida que incluso matronas que trabajan dentro del sistema me han preguntado por mi material ¡asumiendo que iba a los partos con manos vacías! Y es que asumen que si nos dedicamos a esto es porque somos unas irresponsables. Cuando la realidad es completamente diferente. Nosotras sabemos que vamos a tener que cubrir aspectos físicos y emocionales, gestionar situaciones, tomar decisiones... sin contar con todas las manos que necesitemos, un ginecólogo o un quirófano al final del pasillo. No delegamos responsabilidad en alguien que cobra más que nosotras, no estamos protegidas por el abrigo de un gran hospital. Y en esa autonomía está nuestra libertad. Nuestra libertad para acompañar a las familias según nuestros principios y no bajo las cadenas de protocolos no basados en la evidencia. 

 

 

Si pasa cualquier cosa es mejor estar ya en el hospital

 

En el peor de los casos es cierto, cuanto más cerca mejor, pero para el resto el número de horas que pasen dentro de un hospital es proporcional a las intervenciones innecesarias con sus consiguientes riesgos ¿realmente merece la pena?

 

Cuando hay un problema en el parto, dentro del hospital, el tiempo que suele pasar desde que se toma la decisión hasta que se inicia una cesárea es de 30 minutos. En casos extremos consigue hacerse en algo menos. Así que aparte de que los problemas no suelen aparecer de la nada, y que las decisiones no se suelen tomar de forma inmediata porque hace falta valorar durante un tiempo la situación, se requiere siempre un tiempo de acción. 

 

En un parto en casa ese tiempo se invierte en traslado. Muy raramente los traslados son cosa urgente, se suele ir con bastante margen, se puede avisar por teléfono del motivo por el que se está trasladando y así que se vayan preparando los medios necesarios durante el viaje. Por lo que si vives cerca del hospital, con un parto en casa no sólo no arriesgas nada ni en los casos más extremos, sino que además ganas la posibilidad de tener un parto sin intervenciones, de tener una mejor experiencia de parto. 

 

 

Conclusiones

 

La obstetricia tiene la mala costumbre de intervenir sin tener claro que la intervención sea mejor, en este caso parir en hospital. El problema es que cuando esa creencia se implanta hacen falta décadas de trabajos, de recopilar evidencia, de experiencia... para desmontar lo que un día se hizo sin miramientos y a ciegas de sus consecuencias. 

 

Cada pocos años aparece un estudio más grande y mejor de la seguridad del parto de bajo riesgo en casa. El de alto riesgo no lo van a empezar a estudiar en serio hasta que no reconozcamos este primer punto ya tan evidente para tantos de nosotros. 

 

Ya había escrito algo sobre los estudios que salieron en torno a 2010, que eran buenos de sobra como para generar cambios, pero recientemente ha salido otro más, con menos pegas posibles que los anteriores.

 

Este meta-análisis concluye que el parto planeado en casa en embarazos de bajo riesgo no es solo tan seguro como el planeado en el hospital en términos de morbi-mortalidad, sino que además quien pare en casa tiene menos: cesáreas, parto instrumental, uso de epidural, de oxitocina sintética, episiotomías, desgarros de tercer y cuarto grado (que llegan al ano) y menos infecciones maternas. 

 

Es decir, mientras estamos debatiéndonos sobre la seguridad del parto en casa, la evidencia pone sobre la mesa que es el parto hospitalario el que supone un mayor riesgo. Pero también nos da la clave, es que es en ese estar, acompañar, no intervenir si no es claramente necesario, donde reside la mayor salud. Si se quiere la violencia obstétrica puede eliminarse de un plumazo, y el parto hospitalario convertirse no solo en más respetuoso sino en mucho más seguro de lo que es. Tal vez algún día sea casi tan seguro como es el parto en casa. Aún así, yo y muchas otras mujeres vamos a seguir queriendo parir al abrigo de nuestro hogar.

 

Honro a todas las compañeras, matronas, parteras... que han tenido el valor de trabajar fuera del sistema. No necesitamos estar bajo el paraguas, vamos a seguir aventurándonos para que nuestra experiencia sea la luz que ilumine la evidencia del futuro. 

 

 

Valle, Mayo 2020