Sobre nosotres

Trayectoria de Dar a Luz

 

Dar a Luz nació, hace casi 9 años, de la ilusión de poder ofrecer a las familias un acompañamiento de calidad, íntimo, personalizado y respetuoso en sus procesos de vida, embarazo, parto, postparto... Desde Septiembre de 2013 hasta Mayo de 2021 Dar a Luz estaba compuesto por una matrona, Valle, y su amiga partera, Raquel.

La vida, en sus ciclos, da muchas vueltas y tras la decisión de Valle de soltar las riendas de los partos para poder dedicarse a otras cosas, Dar a Luz ha experimentado un período de muchos cambios hasta, finalmente, renacer en un nuevo formato. Tras un largo año de muchos esfuerzos por parte de Raquel por reinventarse cada día, Dar a Luz ahora tiene un nuevo equipo, nuevas formas de trabajar, de acompañar y nuevos horizontes.

 

Ya no tenemos matrona en el equipo. No somos personal sanitario. No tenemos títulos. Lo que sí tenemos es nuestra experiencia en dichas vivencias y en la partería, nuestra pasión por los partos y nuestro amor por los acompañamientos íntimos y respetados. Ahora Dar a Luz tiene caras nuevas, mientras que la esencia sigue siendo la misma: plena confianza en los procesos fisiológicos de embarazo y parto, arrope en las tormentas emocionales que, a veces, surgen en esta etapa de nuestras vidas, perpetua búsqueda del conocimiento y crecimiento, acompañamiento basado en la confianza y la información actualizada y no sesgada y, sobre todo, una inmensa dosis de amor y respeto por lo sagrado que es el nacimiento de una nueva vida, por lo mágico que es parir, por lo sabios que son nuestros cuerpos perfectos, por las decisiones que se toman a veces con la razón y otras con la intuición y el instinto.

 

Dar a luz sigue dedicándose al acompañamiento de embarazos, partos en casa y postpartos, pero también tiene nuevos ámbitos, amplía horizontes. Desde hace poco y dependiendo de las circunstancias de cada persona, ofrecemos acompañamiento emocional en los procesos de aborto (espontáneos o elegidos). Porque creemos que estas vivencias, que pertenecen al ámbito de nuestra salud sexual y reproductiva, de la misma manera que cualquier otro embarazo, parto o postparto, se merecen respeto, intimidad, amor y compañía. Porque sabemos que son igual de sagradas las decisiones que tomas tú (independientemente de cómo son acogidas por la sociedad o el sistema sanitario) como las que la vida te impone.

 

Dar a Luz también sigue siendo un espacio seguro en el que encontrarnos muchas familias para tejer una red de apoyo y compartir nuestras dudas en el embarazo o la crianza. Bien sea porque estás gestando o estás buscando un embarazo, porque ya tienes criaturas (pequeñas, medianas o ya mayores), o sea simplemente porque este espacio te gusta, seguimos quedando una vez al mes, compartiendo con confianza y respeto nuestras experiencias y, sobre todo, la alegría de reencontrarnos “en familia”.

 

Por último, nuestro pilar, ahora y siempre: la información, el conocimiento. Dar a Luz, también es esta web, de la que muchos habláis maravillas, fruto de muchos años de trabajo combinando los textos (escritos en su inmensa mayoría por Valle) y el diseño, la edición y el mantenimiento del dominio (realizado por Raquel). Aunque Valle ya no esté activamente trabajando en el equipo, hemos decidido, con su acuerdo, dejar todos sus textos en la web, puesto que son una gran fuente de información y creemos firmemente que la información es poder para decidir, y asimismo su presentación para quienes no la hayáis conocido o si os interesa podáis saber más sobre ella. Esta web es, antes que cualquier otra cosa, una web informativa, el reflejo de otra realidad, de muchas realidades que, por desgracia, a menudo se ven minoritarias en nuestra sociedad generando una sensación de soledad, de ahogo, de lucha y reivindicación constante. Queremos dar visibilidad y respaldo a la multitud de opciones que tenemos a la hora de tomar decisiones relativas al embarazo, al parto, postparto y a la crianza.

 

Así que sí, Dar a Luz cambia, se reinventa. Mantiene su esencia, su filosofía. Renace. Agradeciendo y custodiando con mucho cariño el aprendizaje, fruto de años de experiencias acumuladas, con ganas de seguir aprendiendo con cada persona nueva que nos llega. Porque acompañar a personas y familias seguras de sí mismas, informadas y únicas, es un honor, es amor, es nuestro motor, es nuestra vocación.

 

Equipo de Dar a Luz, Julio de 2022

 

Época de cambios

 

La vida trae cambios, mueve mareas, viste y desviste los árboles, canta, llora y juega con exquisita ternura. La felicidad cala hasta los huesos cuando somos capaces de fluir con el agua, de rendirnos en las manos de la vida y dejar que con sabiduría guíe nuestros pasos a través de la intuición, que nos traen de vuelta a casa, hacia adentro. 

 

Hace unos meses una nueva ola sacudió mi orilla, un cambio que venía gestándose hace un tiempo sin haber sido reconocido por completo. Cuesta mucho romper la idea de familia cuando tienes hijos. Pero sentí que mi camino continuaba por otros senderos, más adentrados en el bosque, más hacia adentro, dándome el espacio y el cuidado que venía repartiendo alrededor sin dármelo a mi, soltando todo para poder caminar ligera. 

 

Y lo dejé todo. Dejé la relación con el padre de mis hijos, dejé el trabajo como matrona, dejé la agenda, dejé los planes, dejé la auto exigencia, dejé los "tengo que", los "ojalá", dejé lo que se esperaba de mi en un rincón, dejé los compromisos, los formalismos... Y me cogí a mi, enterita, con todos mis miedos, con todas mis certezas, con todos mis patrones, con todas mis fortalezas y empecé a atraer alimento a mi vida. Alimento en forma de autocuidado, en forma de personas, en forma de experiencias. 

 

Empecé a desoir el alboroto que me instaba a mantener las cosas como estaban, a seguir tropezando con las mismas piedras, a forzarme cuando mi cuerpo y mi alma me pedían juego, a frenarme cuando mi cuerpo y mi alma me pedían aventura. Y empecé a escuchar a mi intuición. A darme cuenta de que nunca me había fallado, del dolor que había causado desoirla tantas veces, y de la abundancia que traía a mi vida dejarme guiar por ella. 

 

El cuerpo después de forzarlo durante un tiempo deja de dar señales de alarma, como el niño triste que después de tanto ser ignorado deja de pedir ayuda. Pero cuando volvemos la vista de nuevo hacia dentro, cuando nos damos de nuevo voz y voto, espacio, cariño, paciencia, presencia... Nuestra niña interna, nuestra mujer salvaje, nuestra anciana sabia, sonríe y nos mira con ojos brillantes. Y no nos deja seguir negando lo innegable, no nos deja seguir haciendo como si nada, no nos deja seguir viviendo como lo hacíamos hasta ahora, y en cada tropiezo con la antigua forma de ser nos recuerda con firmeza que todo ha cambiado, que la vida ha rebrotado, que la primavera se despliega a nuestro alrededor después del largo invierno. 

 

La abundancia se despereza ocupando el lugar donde hubo escasez, despilfarro energía en esas pequeñas cosas que me llenan el corazón y entiendo que en vez de gastarse rebosa, me desnudo del vestido apretado que llevaba impregnado del sudor de mi frente y así, desnuda y salvaje, me baño en las aguas cristalinas de mi mente en calma. 

 

Busco, y constantemente encuentro, la plenitud, compartirme a vaso lleno, crear desde el gozo... no tengo intención de conformarme con menos. Ahora tengo el mapa, ahora sé reconocer las señales, ahora sé que puedo y me merezco manifestar mis utopías. Esta vida es un regalo, que cuanto más abro, más me gusta. 

 

Gracias a todas las personas con las que en estos meses he compartido, con las que he aprendido tanto, gracias a las cuales estoy plenamente aquí y ahora. 

 

Gracias mamá, gracias Julia, gracias Clem... Por ser guardianas de mi renacimiento, por haber estado estos meses cogiéndome la mano de día y de noche, por recordarme tantas veces mi verdad profunda, por escucharme durante horas y horas. Este viaje ha sido mucho más hermoso con vuestra constante compañía. Gracias por ser madres, hermanas, amigas, confidentes, maestras de la profundidad de lo femenino. No hay mayor placer que crecer juntas, en manada. 

Valle, Octubre 2021