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Tactos vaginales

En un tacto vaginal se meten los dedos medio e índice dentro y profundo en la vagina para obtener cierta información sobre el cérvix (cuello del útero) y la cabeza del bebé. Aunque en el imaginario común siempre es un profesional sanitario el que lo hace, la técnica no es difícil y tanto la pareja como la propia mujer de parto puede ser quien haga el tacto.


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Foto haciéndome yo misma un tacto al final de la dilatación en mi primer parto

La dilatación se mide al tacto, no puede verse, no tiene nada que ver con cuanto se abre la vulva.


Al meter los dedos se pueden observar varias cosas. Por un lado cuánto de abierto está el cérvix, es decir la dilatación. Por otro cuán blando y fino está el cérvix, cuánto de alta está la cabeza, si se palpan las membaranas o no y tocando las suturas de la cabeza del bebé puede saberse la posición en la que está su cabeza y cuán flexionada o extendida está entrando su cabeza en la pelvis.


¡A continuación explico cómo hacerlo!




​¿Cómo hacer un tacto vaginal yo misma?


Hacer un tacto no es difícil. Aprender a interpretarlo tampoco.


La clave para saber con seguridad lo que se ha notado es hacerlo sin prisas. La parte más molesta suele ser la sensación de entrar en la vagina. Y el mover los dedos cuando la contracción viene. Puedes quedarte quieto con los dedos dentro durante varias contracciones, para que en cuanto cada una de ellas pase puedas seguir entendiendo la información que recogen tus dedos.


No se puede valorar la amplitud de una pelvis mediante un tacto vaginal, simplemente porque nuestros huesos se mueven de parto, haciendo espacio para que nuestro bebé pase, del mismo modo que sus cabezas se amoldan para atravesarnos.

 


Preparativos


La posición que se suele utilizar para hacer un tacto es tumbada. Con cojines detrás de la espalda, las piernas dobladas, las plantas de los pies tocándose una con otra y las rodillas abiertas. Para que el cérvix esté lo más accesible posible rotar la pelvis para que esté lo más hacia delante posible. Esta posición es aceptable cuando tienes contracciones suaves. Se puede hacer en otras posiciones (en cuclillas, de rodillas) cuando la mujer no tolera estar tumbada durante la contracción.


Es buena idea usar lubricante, o aceite, especialmente si resulta molesto el introducir los dedos. Puedes proteger el colchón con un empapador o una toalla, a menudo sale flujo, líquido y/o tapón mucoso.

 


​Encontrando el cérvix


Se meten los dedos medio e índice dentro de la vagina. El cérvix, o cuello del útero, es el único agujero que hay dentro de la vagina.


Si no encontramos ningún agujero, significa que aún está tan al fondo que no merece la pena saber de cuantos centímetros está dilatado. Si lo encontramos podemos observar:

  • Si esta lejos o accesible

  • Si está duro (como la punta de la nariz), medio (como el hueco entre nariz y labio superior) o blando (como el labio inferior relajado)

  • Si es grueso y protuberante como el glande de un pene (no borrado, unos 4 cm de grosor), fino como una hoja de papel (completamente borrado) o cualquier porcentaje entre medias


El cérvix no se abre en círculos concéntricos como a menudo se describe, sino que se abre de atrás hacia adelante, haciéndose cada vez más blando, más fino y más accesible.


Midiendo la dilatación con los dedos


Una vez encontrado el agujero valora cuánto está de abierto. Los dedos de cada persona son diferentes así que coge una regla y encuentra tus propias medidas. Pero como guía normalmente funcionan las siguientes mediciones:


  • 1 cm = el ancho de 1 uña

  • 2 cm = 2 dedos apretados

  • 3 cm = 2 dedos holgados

  • 4 cm = 2 dedos con el hueco para otro en medio

  • 5/6 cm = un poco más de espacio


 A partir de los 6 cm ya no se mira la distancia entre los dedos sino los centímetros de borde de cérvix que queda rodeando a la cabeza.


  • 7 cm = 1,5 cm de cérvix por cada lado

  • 8 cm = 1 cm por cada lado

  • 9 cm = ½ cm por cada lado.

  • Reborde de cérvix: cuando en la parte más cercana al pubis hay 1 cm de borde que no existe en los laterales. Considerarlo 9 cm

  • 10 cm = no se toca cérvix por ninguna parte, sólo la cabeza del bebé. A veces al no encontrar agujero por ninguna parte se puede confundir con cuando el cérvix está muy al fondo, pero quien ha estado con la mujer de parto todo el tiempo y haya observado su actitud sabrá diferenciar perfectamente si están al principio o al final del parto

 


Tocar la cabeza del bebé


El dato más relevante es observar si la cabeza del bebé está muy lejos, casi inaccesible, y que por tanto no ha iniciado el descenso aún, o cerca sin falta de meter los dedos a fondo. Cuando la cabeza está a dos falanges de distancia el parto probablemente está cerca.


Cuando está a una, seguramente la cabeza ya es visible durante la contracción, el parto en la mayoría de los casos es inminente (¡aunque también he visto parto que se han quedado en ese punto durante algunas horas!).


Al hacer un tacto se puede saber la posición en la que viene la cabeza del bebé, buscando las fontanelas y entendiendo las suturas de los huesos. También puede saberse si la cabeza del bebé viene bien flexionada o extendida. La dirección y falta de flexión de la cabeza del bebé pueden ser motivo de que el parto se alargue. Pero en mi opinión cuando no se tienen prisas, esta información no es importante y además no es fácil de valorar para alguien que no tenga experiencia.



 


¿Duele que te hagan un tacto vaginal?


El procedimiento en sí, hecho con delicadeza, no debería de doler, pero depende de cuánto tacto tenga la persona que lo hace. Desde luego que lo haga una persona extraña hace que cuanto menos sea incómodo. La actitud de quien lo hace, que se explique lo que va a pasar, el respeto que emana y la falta de prisas ayudan a que sea menos desagradable.


Puede ser muy traumático cuando lo hace un extraño de forma brusca y sin respeto. No se está metiendo el dedo en una oreja, sino en nuestras vaginas, una parte muy íntima y sensible de nuestro cuerpo.


Otra cosa completamente distinta, es que nosotras mismas nos hagamos tactos. Que los hagamos por curiosidad o placer de tocar a nuestro bebé antes de nacer. Que los hagamos para tener información que nos ayude a tomar nuestras propias decisiones.


 

¿Tienen alguna utilidad los tactos vaginales en el embarazo?


No. Si no estamos de parto no tiene absolutamente ningún sentido meter los dedos. Cualquier información que se pueda sacar de un tacto en el embarazo no es relevante, no nos va a dar ninguna pista fiable de cómo, o cuándo, va a ser el parto.


Es más, los tactos innecesarios al final del embarazo a veces van acompañados de maniobras de Hamilton, hechas con, o sin, consentimiento.


Se puede estar dilatada de varios centímetros sin estar de parto, y llevar días con contracciones y no haber dilatado nada.

 


¿Los tactos pueden provocar el parto?


Cuando el parto está a punto de suceder un tacto, especialmente una maniobra de Hamilton o hacer el amor, puede provocar el inicio del parto. Pero cuando el parto está aún lejano da igual lo que hagas que no va a iniciarlo.


Eso sí, puede estimular que vengan contracciones durante un rato. También en las 24h siguientes puede afectar al tapón mucoso y provocar un flujo sanguinolento, incluso si el parto no va a empezar en los próximos días.


Sólo considero que es útil hacer la maniobra de Hamilton cuando se vaya a acceder a una inducción en los próximos días. En ese caso esta maniobra, una inducción mecánica, me parece mucho menos agresiva que una inducción con medicación.


Es el bebé quien inicia el parto, cuando está completamente maduro ¡Suelta el control y déjate sorprender!

 


Negarse a que nos hagan tactos vaginales


Cuando nos damos cuenta de que dejarnos hacer tactos no es necesario, nos damos cuenta de que podemos negarnos. Negarnos no pone en absoluto en peligro a nuestro bebé, sino le protege a él y a nosotras, reduciendo significativamente las posibilidades de intervenciones innecesarias, y sus respectivos riesgos.


Podemos negarnos, a ésta y a cualquier otra intervención. Pero da la casualidad de que los tactos son el aceite de engranaje que hace funcionar el intervencionismo obstétrico. Así que cuando te niegas a que te hagan tactos:


  • No pueden iniciar una inducción, porque no saben si el cérvix está favorable

  • No pueden romper la bolsa artificialmente

  • No pueden poner oxitocina sintética, porque para empezar no pueden diagnosticar la falta de progreso en la dilatación

  • No pueden dirigir los pujos en el expulsivo, porque no están seguros de que llegaste a dilatación completa

  • No pueden hacer una ventosa, ni un fórceps, ni una cesárea por falta de progreso (motivo principal por el que se hacen estas intervenciones)


Me maravilla todo lo que podemos evitar simplemente cerrando las piernas. Hace unos años hice campaña para animar a las mujeres a que se negaran a que les hicieran tactos vaginales ¡me voy a animar a reactivarla!

 


Los tactos vaginales como violencia obstétrica


Cuando se hace una intervención innecesaria en un parto, para mi, es violencia. Cuando no se da la opción de aceptar o negarse, es violencia. Cuando se coacciona a acceder insistiendo en que son estrictamente necesarios, es violencia. Cuando se hacen de forma brusca, o sin el respeto que merece meter los dedos en la vagina de alguien, es violencia. Cuando se minimizan sus quejas o incomodidad, es violencia.


Los tactos son una forma aceptada de violación, a la que la mujer sumisamente se somete. Los hemos normalizado. Lo hace creyendo que es estrictamente necesario que se abra de piernas, por su bien y el de su bebé. Lo hace confiando en que el profesional sabe lo que está haciendo, que no lo haría si no fuera necesario. Lo hace creyendo que si se porta bien la tratarán mejor, respetarán su plan de parto "siempre que sea posible".


Pero al dejarnos hacer simplemente nos quitamos la oportunidad de dejarnos fluir de parto y aceptar que el cuándo nacerá nuestro bebé no está bajo nuestro control, ni el de el profesional de turno.



¿Son los tactos vaginales de rutina necesarios?


Los tactos son los cimientos sobre los que se asienta el modelo médico de atención al parto, lejos del arte de observar y acompañar que fue desde el inicio de la humanidad.


Para alguien que ha presenciado unos cuantos partos sin intervención, ni drogas duras para el dolor, es fácil saber, a ojo, cuán avanzado está el parto. Pero, aunque suene lamentable, muchos profesionales que atienden partos en los hospitales hoy en día no han visto uno de esos en su vida. Así que sin tactos, y sin límites de tiempo, están perdidos.


Sin embargo, cuando no tenemos prisa, cuando no nos creemos que el parto tiene que ocurrir dentro de unos márgenes de tiempo, hacer tactos es completamente innecesario. Escucha qué te dice el corazón del bebé, sé paciente, y tarde o temprano saldrá de las profundidades y llegará a esta orilla.


Personalmente creo que hacer tactos vaginales de rutina es dañino para quien pare y para quien acompaña. Porque nos saca del sentir y la autoridad interna, a la mente y la supuesta autoridad externa. Muchas veces los tactos traen malas noticas. Noticias de que las cosas no avanzan "como deberían". Noticias que siembran dudas, miedos e inseguridad en la propia capacidad del cuerpo para parir. Noticias que van acompañadas de intervenciones para "arreglar" nuestros cuerpos supuestamente mal funcionantes.


Pero lo peor es que nos lo creemos, que nos rendimos, que nos dejamos hacer... en vez de dar una coz, y seguir pariendo a nuestro ritmo.


 

¿Cuándo no deben hacerse tactos vaginales? ¿tienen riesgos?


Están completamente contraindicados cuando hay placenta previa. Y no son recomendables cuando hay sangrado o bolsa rota.


Los riesgos se multiplican cuando se hacen numerosos tactos a lo largo del parto:


  • Riesgo de infección

  • De romper la bolsa durante el tacto

  • De provocar sangrado


La bolsa de las aguas es una protección natural del cuerpo, no hay ningún motivo para romperla.

 


¿Cuándo sí son útiles los tactos vaginales?


Cuando la información que nos aportan nos puede ayudar en la toma de decisiones. Por ejemplo, cuando planeamos aguantar en casa pero parir en el hospital. Nos puede ayudar a no llegar ni demasiado pronto ni demasiado tarde.


O cuando en un parto en casa aparece una desviación de la normalidad que nos hace barajar un traslado al hospital. En este caso saber en qué punto estamos nos puede animar a marchar o a terminar en casa, porque ya queda tan poco que es escoger entre parir en casa o en el coche.


También creo que saber hacernos un tacto puede ayudarnos a conocer aún más nuestro cuerpo. Y nos permite disfrutar de la posibilidad de tocar a nuestro bebé con los dedos antes de que éste haya nacido.

 


¿Con que frecuencia deberían realizarse?


Desde mi punto de vista no deberían de hacerse prácticamente nunca. Ninguna intervención debería de formar parte habitual del natural proceso de parir.


Los tactos vaginales son la regla por la que se mide la velocidad a la que una mujer está pariendo. Parir no es una carrera de velocidad. Es una transformación, un viaje hacia adentro, una rendición a la vida abriéndose paso a través de nuestra pelvis. Nadie debería de meternos prisa.


Pero sigue siendo habitual que tanto los profesionales que acompañan partos en casa, como los que lo hacen en el hospital, hagan tactos. Y el problema no sólo está en la invasión que suponen, sino en que son la llave que abre la puerta a numerosas intervenciones innecesarias en el parto.


La mayoría de las guías clínicas recomiendan, durante la dilatación, dejar al menos 4 horas entre un tacto y el siguiente. Pero en España la realidad es muy distinta, siendo frecuentes los tactos cada1-2 horas en muchos hospitales. Esto no hace otra cosa que alimentar el caudal de la cascada de intervenciones.



¿Son los tactos objetivos?


Los tactos vaginales son una interpretación del sentir de dos dedos metidos en la vagina de una mujer. Entre otras observaciones, es la medición aproximada de la distancia entre dos dedos para estimar la dilatación de su cérvix. Cuando varios profesionales hacen tactos a una mujer, en manada uno detrás de otro, a menudo hay discrepancias.


Es común que cuando hay discrepancias quien está más alto en la pirámide de poder sea "quien tiene razón". Y así, casi sin darnos cuenta, el tacto se convierte en la forma más sutil y aceptada de la perpetuación de la jerarquía: el médico sabe más que la matrona, la matrona sabe más que la mujer.


También es común que las matronas que defendemos el parto de baja intervención mintamos y apuntemos algún centímetro de menos. Porque sabemos que cada centímetro que recortemos le regalará a esa mujer horas de parto sin que le metan prisas.


Además los tactos nos dicen cómo está el cérvix y la cabeza del bebé en este preciso instante. Pero son incapaces de predecir cómo estará en 5 min o en 7 horas. Cada mujer es única, cada parto es único, cada bebé es único, los cérvix des-dilatan, y nuestras estimaciones de cuando va a nacer el bebé no son menos arriesgadas que jugar a la ruleta rusa.

 


¿Dilatamos de 0 a 10?


Simplificar la complejidad de un parto a un número del 1 al 10 es tan impreciso como atractivo. No deja de ser un intento de encajar una experiencia única en un bonito número decimal. Pero ¿acaso hace falta siempre dilatar 10 cm para tener un bebé? No. Algunos bebés pequeños o prematuros les basta con algún centímetro menos para adentrarse por el canal de parto.


Y ¿todos nuestros cérvix miden dilatados exactamente 10 cm? No. Es muy probable que algunas mujeres tengan cérvix que se dilatan más de 10 cm y que, por cómo es la técnica para hacer tactos, se malinterprete como un parto estancado en torno a 6 cm.


Además usar números nos hace creer que hay la misma distancia de una medida a otra. Sin embargo, toda matrona sabe que no se tarda lo mismo en dilatar de 1 a 2, que de 6 a 7 (esto último a menudo es mucho más rápido).


Conclusiones


Cuando trabajamos para el sistema los protocolos hospitalarios nos "obligan" a ofrecer tactos, no a hacerlos. Es la libertad de cada mujer aceptar, o negarse, a la invasión de nuestros dedos. Dejemos de utilizar los tactos vaginales para encadenar los tiempos en los que cada parto necesita desarrollarse.


Y quienes acompañamos en casa ¿Quién nos obliga a hacerlos? ¿Qué beneficios sentimos que tienen? ¿Qué tememos que ocurra si dejamos de hacerlos?


Y si vas a parir en casa con matrona ¿Le has preguntado en que casos hace tactos? Aquí, como en el hospital, una respuesta escueta como "sólo cuando son necesarios" debe levantar sospechas más que acallar dudas.


Cuando tenemos otras herramientas menos invasivas, como el observar la actitud de la mujer de parto, los tactos pierden su protagonismo. Quedan relegados a un papel secundario, a la herramienta que son, que tiene utilidad en contadas ocasiones.


Valle, Enero 2017

Reescrito en Marzo 2024

 

 

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