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María

Desde que soy matrona me he ido enamorando más y más del parto respetado y natural. Tuve la suerte de encontrar a Valle y a Raquel durante mi embarazo y vivir en mis carnes lo que es un parto en casa. Cuando me ofrecieron esta oportunidad de venir a Asturias y colaborar con ellas, no lo dude ni un momento.

Mi deseo de ser matrona me vino al acabar enfermería, me obsesioné con la idea de especializarme ya que sentía que sabía de todo un poco pero no mucho de nada. Eso me motivó para preparar el examen de acceso a la especialidad de matrona, el EIR. En mi caso al tercer intento y después de mucho estudiar, conseguí ser matrona.

Decidí realizar la residencia en Barcelona, ya que su unidad docente gozaba de muy buena reputación. Mi centro de referencia fue el Hospital General de l’Hospitalet, un hospital pequeño donde la mayoría de los partos son de bajo riesgo. Durante dos años acompañé muchos nacimientos, más de 200, la mayoría al estilo intervencionista, pero también estuve en partos sin epidural y con libertad de movimiento.

L’Hospitalet es una ciudad con mucha inmigración y multicultural, por eso pude ver como las diferentes culturas afrontan el parto y que la forma “española” no es la única manera de afrontarlo.

Me siento agradecida de los valores que algunas de las matronas me inculcaron, en cuanto al respeto de la intimidad de la mujer y de la importancia del acompañamiento durante todo el proceso. También me gustó el poder compartir clases teóricas con las 70 compañeras residentes de matrona que estábamos en Cataluña, donde nos educaron hacia la lucha de una maternidad más respetada.

Mi primer trabajo fue en el Hospital Sant Joan de Déu, un importante centro infantil de referencia. Empecé en julio del 2012 y estuve 3 años. Allí pude especializarme en parto natural, este hospital a pesar de ser muy intervencionista, tenía una sala dedicada a nacimientos naturales con piscina, silla de partos y lianas. Permitía la dilatación en el agua pero por desgracia no el expulsivo. Aprendí mucho de mis compañeras, fijándome sobre todo en aquellas que confiaban en los cuerpos de las mujeres y las que acompañaban desde el respeto y la baja intervención. Pero tras sufrir presiones por parte de los ginecólogos, vivir partos con prisas, tactos innecesarios y desconfianza por parte del personal, decidí buscar un lugar donde se trabajara de forma diferente.

Me mudé con mi pareja a Inglaterra porque me habían dicho que allí se consideraban más las decisiones de las mujeres, había casas de nacimiento, partos en el hogar y esa era la forma en que quería trabajar. Trabajé de matrona en Eastbourne, una ciudad costera situada al sureste, durante 2 años. Hice seguimiento de embarazo y acompañé partos tanto en casa como en unidades de solo matronas. Ya agotada por el ritmo del sistema inglés, muchas mujeres y poco tiempo de consulta, decidimos que ya era hora de regresar a España. Antes de regresar, nos fuimos a viajar unos meses por el Sudeste Asiático. La experiencia me hizo sentir renovada, con un espíritu más libre y con ganas de volver a mi profesión.

Conseguí trabajo en atención primaria en un centro de salud de Benavente, y por fin ocurrió, me quedé embarazada en septiembre de 2019. Debido a la pandemia, en marzo de 2020 me dieron la baja. Me permitió tener tiempo para prepararme, leer, practicar yoga, y plantearme un parto en casa. Contacté con Dar a Luz, conocí a Valle y Raquel y tuve un flechazo, simplemente me fascinó cómo trabajaban, su libertad de pensamiento y la confianza que me transmitieron. Quise parir sin intervenciones, sin tactos, sin auscultación constante, sintiendo a mi bebé, a mi cuerpo, sin mirar el reloj, bailando mi música, y con Jose a mi lado. De esta forma llegó mi cría y el amor de mi vida, Mar.

 

María, Enero 2021