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Disfrutando del parto

A veces la felicidad en la vida no es más que saber reir. Reirse de lo bueno y de lo malo. Reirse de lo absurdo de la vida, de los contrastes, de las aventuras, de las curiosidades, de la cotidianeidad de los momentos trascendentales. Disfrutar es al fin y al cabo cuestión de enfoque. De aceptar lo que viene, con presencia, sin miedo, con confianza en que cada vivencia lleva de la mano un aprendizaje vital, del que la vida depende. 

 

En este momento agradezco con el pecho henchido cada broma, cada sonrisa, cada carcajada entre contracciones. De parejas que conocía desde hace años, y de otras que apenas habíamos conocido. Pienso en María bailando con alegría en su parto, en la tranquilidad y sonrisa de Julia, en la espontáneidad de Raquel... y me siento tremendamente afortunada de haber tenido el honor de presenciar esos momentos.

 

El parto es una representación momentánea de lo que profundamente somos. Parimos como vivimos. Cada herramienta ganada en el pasar de los años se usa sin pensar en este trance tan cotidiano. Ante cada contracción, ante cada ola, vemos nuestros retos, nuestras dificultades. A veces luchamos contra ellas, a veces nos quejamos de ellas, a veces nos compadecemos de nosotras mismas, a veces nos tensamos, a veces queremos huir. A veces nos rendimos, nos dejamos arrastrar por la corriente con tranquilidad, con gozo en la no resistencia, aceptando sin problema que el control no está en nuestras manos. 

 

Cada instante tenemos la oportunidad de empezar de nuevo, de dejar atrás todas las escusas que nos dificultan simplemente disfrutar del momento. Y el parto no es un momento cualquiera. El parto es un rito de pasaje, que nos cambia tanto que es como mudar de piel. 

 

Es una prueba que nos regala la vida para integrar la maternidad y sus propios retos. Nos enseña a ser humildes, a no menospreciar la experiencia ajena porque entre imaginárselo y vivirlo hay un gran trecho. Nos enseña que somos capaces de mucho más de lo que creemos ser capaces, una herramienta esencial para los momentos duros del postparto. 

 

Así que el disfrute viene de mano de la docilidad, no ante el sistema, sino ante nuestro propio cuerpo. Viene del saber que cada paso que nuestro cuerpo da lo hace por un buen motivo. Viene de la certeza de que este es nuestro camino propio, que no hay mejor atajo que que la mente se arrodille mostrando respeto ante el cuerpo. Sumérgete en tu parte más instintiva y animal. Imagínate loba, ratona, cierva, ballena, yegua, osa. 

 

No vivirás el parto muchas veces, haz todo lo que esté en tu mano para disfrutar de ello. No olvides agradecer a tu cuerpo y a tu bebé la experiencia que te están dando. Respira la paz que hay entre una ola y la siguiente, saborea esas pausas, están hechas para recargarte. 

 

Yo agradezco cada segundo de la experiencia de mis partos, repetiría mil veces. Sin compadecerme de mi misma, sin temor a la intensidad que todas estamos preparadas para superar, dejando que el vértigo se transforme en ilusión. Dejando que el viaje me sorprenda. 

 

No hay receta mágica, pero el plato fuerte es nuestra actitud. Encuentra tus propios ingredientes y pon consciencia en lo que metes en tu caldero, cocina algo que saborees con deleite. Tu cuerpo está haciendo magia, déjate asombrar. 

 

Valle, Noviembre 2020